Tierra de nadie


Esta tierra por la que pasamos, pisamos y arrastramos nuestros pies se convierte en un espacio que pasa a formar parte de nuestro propio ser, y digo esto porque en nuestro afán de pertenencia y permanencia nos apropiamos de lo que ni siquiera es nuestro.

Por un trozo de tierra matamos sin darnos cuenta de que solo nos sirve para apoyar nuestros pies y erguir nuestro cuerpo. En un trozo de tierra nos agrupamos, crecemos, establecemos nuestras normas y creamos una cultura propia que  nos distingue de las demás, resaltando siempre lo “nuestro” como lo apropiado o lo normal, por lo que todo aquello que se diferencia de nosotros  o de nuestro grupo pasa a ser distinto y no apropiado. Y la vida se convierte en una clasificación de los que son como yo y los que son diferentes.

Yo a lo largo de mi vida he tratado de encontrar las diferencias entre los seres humanos que habitan la Tierra y jamás las encontré, pues solo he visto “personas”, en el sentido holístico de la palabra, con pensamientos, sufrimientos, sentimientos y esperanza para poder aferrarse a la vida y adaptarse a las condiciones del medio en el que les ha tocado vivir.

Detrás de todo esto no pueden existir razones que descalifiquen y coarten los derechos humanos de la libertad, la dignidad y el respeto, por pertenecer a una raza, sexo, nación o religión, ni cualquier otro ideal que nos pueda diferenciar de otro ser humano.

Por eso, en mi Tierra, “en la que yo vivo” caben todas las personas, los que son de aquí y los que vienen de otro lugar, los que creen en Dios y los que no creen en nada, los negros y los blancos, las mujeres y los hombres, los sanos y los enfermos, los capacitados y los no capacitados, los niños ,los jóvenes, los adultos y los mayores, todos tenemos un lugar y una misión en esta Tierra que no es de nadie, ni tuya, ni mía sino de nosotros o nuestra y debemos respetarla a ella y a todos sus habitantes. Entre todos construimos la Historia y por un espacio de tiempo tenemos la gran virtud de poder estar aquí para construir y no destruir, para respetar y no odiar lo que ni siquiera nos pertenece. Pues si fuésemos conscientes de que por mucha tierra que compremos jamás será nuestra, ni de los que nos preceden ya que “vivir” solo es un espacio entre el nacer y el morir, algo en lo que todos somos iguales. Así pues, si consideramos este espacio de tiempo como una  oportunidad para compartir, apoyar, ayudar, perdonar y amar a los que conviven con nosotros desaparecerían las diferencias, los estereotipos, los prejuicios,  las discriminaciones, el racismo y la xenofobia, las clasificaciones, el sexismo y la violencia, y todas aquellas  barreras que ponen fronteras entre un país y otro, entre una nación y otra y seriamos pasajeros de este mundo sabiendo que donde pisan nuestros pies es la tierra de Todos, Nuestra y de Nadie.

Por May González

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Una respuesta a Tierra de nadie

  1. Deli dijo:

    Me ha gustado mucho tu artículo, ojalá se consiguiera lo que dice la última parte de éste. Entre todos podríamos cambiar el concepto de lo que llamamos nuestra tierra cuando nos referimos únicamente a nuestra nación por nuestra tierra en el más amplio sentido de estas palabras.

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